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La Coctelera

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ALLÍ...

Donde la sutil mirada se adormece y descansa, más allá del confín del horizonte, habita un sueño de norias y ventiscas.

Allí donde solo suceden estrellas y dormitorios, en ese lugar sombrío en el que moran los duendes, transcurre un viento de dedos y posturas abismadas.

Los dos amantes se miran y juegan a esconder su saliva de almizcle por evitar un torbellino en los cristales.

Saben que todo es improbable, que el tiempo congeló la sangre de la vida, que es viejo y trasnochado el nuevo amanecer y que tan solo las bestias perdurarán al cataclismo.

Donde los espejos no tienen fondo y se asoman al pozo oscuro del vacío, allí cabalgan juntos el desdén y la impotencia.

En ese lugar en el que los sucesos son de piedra y arenisca, allí, se aleja el fondo del horizonte y se estremece el don de la existencia.

Y es de este modo como nadie sabe nada de lo pasado y sin embargo no podemos evitar encender el fuego de mañana con aquello que vive aplastado en lo oscuro.

BÚSQUEDA

Ando liado en este trabajo de recopilación de textos y poemas, sin mucho tiempo para casi ninguna otra actividad lúdica, pero hoy domingo he decidido que llegado este momento tenía que dejar que lo escondido amaneciera aunque tan solo en forma de unas pocas líneas.

Agradezco vuestros comentarios en lo mucho que valen y espero que pronto volveré a compartir intensamente momentos inolvidables con vosotros.

Un saludo

PAZ.

Apeado del sueño de tus labios, tomé un pincel de ojos y dibujando un bosque accesible a los intentos, pulsé en el costado de tu silueta con el atuendo de los días de sed y cataratas por buscar un camino sin destino, una vereda sin argumentos con la que sorprenderte el paso y la espera.

Perdido el norte de tus caricias, anduve el vacío que sembraste tras tu marcha, aleteando entre voces y silencios con la sola intención de regar el olvido, por si cosecho una tormenta de tus manos y me recoge en abrazo, la piel dejada atrás en mi temor de perderte.

Te busco en sueños y vigilias.

Te sueño en la búsqueda, mientras vigilo ese molino de viento que me enseñas y me prendes de los dientes para dorar las tardes de tu ausencia y distancia azul, que me habita y me rompe los pasos en la pesquisa de una saliva que no encuentro.

PAUSA

Quiero solicitar vuestro perdón por mi falta de educación en esto de contestar a vuestros comentarios. No es mi estilo el silencio ante quienes me valoran, animan y premian.

En esta ocasión tengo una razón de peso para esta sequía de agradecimientos e incluso de nuevos textos que como veréis han disminuido en cantidad.

Ando un poco liado trabajando en una recopilación de mis poemas con vistas a presentarlos para algunos premios literarios por si acaso sonara la flauta.

Llevo años, muchos años dejando que, pedazos, rincones, esquinas y escondites de mi corazón inunden de letras distintos espacios según el momento.

Son poemas que guardan en su intimidad auténticos trozos de mi más profunda esencia y es por eso que los quiero trabajar, por pulir su estilo, suavizar sus esquinas, sombrear sus luces y encender sus penumbras.

No es un trabajo de cara a la galería el que quiero realizar sobre esta parte esencial de lo que es mi vida desde hace unos años. No busco el premio, el reconocimiento, el sueño de sueños, el escalón añorado en una ascensión que solo tiene sentido se consigo perpetuarla de honradez conmigo mismo.

Esto es importante no cabe duda.

Sino no fuese así no estaría en este momento contándoos esto.

Pero sabiendo esto, no he aceptado este reto solo por el reconocimiento final a la hora de valorar un mejor o peor modo de desnudar mi interior, no por el premio concedido a un mejor o peor estilo literario del que estoy seguro que adolezco.

Lo que quiero es verme desnudo en interior y poder reconocerme siempre en aquel conjunto de letras que han ido delimitando mi contorno, mi silueta. Lanzar la mirada como una flecha desde la ballesta asombrada de este que aún hoy pretende su adolescencia y reconocerme en la herida, en la sangre, en la alegría, en la nostalgia, en aquel cúmulo de sentimientos que he ido sembrando en los surcos de unos pocos folios que han sido compañeros de camino hacía la expresión de lo mas hondo.

Por todo esto, solicito vuestro perdón si no os atiendo como vosotros me habéis atendido a mí durante todo este tiempo de trabajo y creación conjunta.

Espero que este silencio no lo sea del todo, que de noche en noche una lagrima, una sonrisa o cualquier acontecimiento diario, me toque allá en el centro donde se derrama la necesidad de transformar el lenguaje y los dedos me pidan recorrer el papel en blanco para mancharlo de arrobada hambre de escritura.

Os leeré, como hasta ahora, a todos, e intentaré dejarme ir en el comentario para infundir ánimos, para dar las gracias por un café calentito, por valorar una imagen que puede arrastrar una sonrisa o unas lágrimas sentidas en el alma.

En fin que no pienso olvidaros, que me tendréis, tal vez en pausa pero que me tendréis de cualquier modo.

Saludos.

PAZ

PAUSA

Quiero solicitar vuestro perdón por mi falta de educación en esto de contestar a vuestros comentarios. No es mi estilo el silencio ante quienes me valoran, animan y premian.

En esta ocasión tengo una razón de peso para esta sequía de agradecimientos e incluso de nuevos textos que como veréis han disminuido en cantidad.

Ando un poco liado trabajando en una recopilación de mis poemas con vistas a presentarlos para algunos premios literarios por si acaso sonara la flauta.

Llevo años, muchos años dejando que, pedazos, rincones, esquinas y escondites de mi corazón inunden de letras distintos espacios según el momento.

Son poemas que guardan en su intimidad auténticos trozos de mi más profunda esencia y es por eso que los quiero trabajar, por pulir su estilo, suavizar sus esquinas, sombrear sus luces y encender sus penumbras.

No es un trabajo de cara a la galería el que quiero realizar sobre esta parte esencial de lo que es mi vida desde hace unos años. No busco el premio, el reconocimiento, el sueño de sueños, el escalón añorado en una ascensión que solo tiene sentido se consigo perpetuarla de honradez conmigo mismo.

Esto es importante no cabe duda.

Sino no fuese así no estaría en este momento contándoos esto.

Pero sabiendo esto, no he aceptado este reto solo por el reconocimiento final a la hora de valorar un mejor o peor modo de desnudar mi interior, no por el premio concedido a un mejor o peor estilo literario del que estoy seguro que adolezco.

Lo que quiero es verme desnudo en interior y poder reconocerme siempre en aquel conjunto de letras que han ido delimitando mi contorno, mi silueta. Lanzar la mirada como una flecha desde la ballesta asombrada de este que aún hoy pretende su adolescencia y reconocerme en la herida, en la sangre, en la alegría, en la nostalgia, en aquel cúmulo de sentimientos que he ido sembrando en los surcos de unos pocos folios que han sido compañeros de camino hacía la expresión de lo mas hondo.

Por todo esto, solicito vuestro perdón si no os atiendo como vosotros me habéis atendido a mí durante todo este tiempo de trabajo y creación conjunta.

Espero que este silencio no lo sea del todo, que de noche en noche una lagrima, una sonrisa o cualquier acontecimiento diario, me toque allá en el centro donde se derrama la necesidad de transformar el lenguaje y los dedos me pidan recorrer el papel en blanco para mancharlo de arrobada hambre de escritura.

Os leeré, como hasta ahora, a todos, e intentaré dejarme ir en el comentario para infundir ánimos, para dar las gracias por un café calentito, por valorar una imagen que puede arrastrar una sonrisa o unas lágrimas sentidas en el alma.

En fin que no pienso olvidaros, que me tendréis, tal vez en pausa pero que me tendréis de cualquier modo.

Saludos.

PAZ

CICLÓN

Un número, como un asesino, se desnuda en la pantalla, se agita en los papeles, asoma a través de las ondas y se hace noche abismal, sombra herida, espada desnuda, grito de hielos y de filos que sesgan la respiración de quien mira, de quien lee, de quien escucha.

Un número, un dibujo con contornos y longitud, que se desnuda en una cifra y muestra su sombra mas eterna, más infinita, más en horizonte negro.

Se nombra en un instante, se dice en un suspiro, se alumbra tan solo unas pocas palabras pero, detrás de ese concepto con forma de hormiguero de cifras, se esconde aquel que como tu y como yo, pintó con lágrimas unos ojos de madre aun dolorida de parto, aquel otro pequeño que miraba frente a frente la espera del porvenir y sonreía en abrazo.

Se imagina y se arroba en esquina el corazón que sabe de aquel estadio en el que jugaron sin límites unas pocas esperanzas y un buen puñado de alegrías difíciles de arracimar.

Una cifra unida al maldito comportamiento en una ventana del clima que casi ni asusta por imposible, por increíble.

Un número atado irremediablemente a un modo de soplar el viento que nos suena a horizonte sin horizonte, a lágrimas sin respeto, a cuchillada al alma de un alba que ya no amanecerá en tantas pieles.

Lo queramos o no, todos hemos sentido el navajazo en nuestro cuerpo. Lo queramos o no una delicada amputación nos ha sido realizada este día y ya nunca nada podrá volver a ser lo mismo…aunque lo queramos.

Una caricia de saliva y espejismo, se adentró en la cueva manantial de mis soledades posponiendo la tarde hasta dentro de cien días, tan solo por saber que te acercabas en risa y avenida

Un miedo certero y asesino, averiguó mi estancia en tu piel y despeinó todos los vientos para evitar la epopeya del abrazo y el susurro, para evitar el gesto y la acacia, para empapar de nostalgia lo que solo era amor.

Un cristal,

como un soplo que todo lo abrasa,

se apareció

desnudo y azul entre los dos

concediendo sabor a las olas de mis manos.

Y dibujando un trémulo infinito de lágrimas y moreras,

descendió una tormenta sobre tus senos

impidiendo el racimo de mis besos.

Y no pude merecer que me tomaras para ti

creando un tormento,

extraviado en mí centro,

roto de llanto y desorden.

Llamé a la muerte que cenaba en la terraza

Por no asistir al abandono de tu piel

Que cercada por el hambre

Perdía la batalla de la espera.

Perdimos la memoria sin amarnos.

Nos perdimos en deseo.

Ya nada es posible.

Me quedo en tu olor

Hueles a celada de estrellas.

a caída de distancias,

a arroyo y a espejismo,

a rodillas y a vendimia.

Hueles a horizonte extenso en lejanía.

Hueles como huele el vasar de tu mirada,

a esperanza y a flores de saliva,

a pan de abrazos y caricias.

Hueles a piel

en brote y primavera.

Mientras me agito en este celo que devora y serpentea en la entrepierna, hueles a Dios

Hueles a vino en escondite,

a verso y a oleaje,

a camino y a cebada,

a pajar de sombra.

Hueles a tarde que se rompe sin luces.

Hueles a amanecida en madriguera,

A torrente de deseo

A quemadura arrojadiza.,

Hueles a huerta

arqueada en camino.

Cuando pierdo los dedos en las caricias y me apresuro en buscar tu centro, hueles a Dios.

Lucio

Aquella noche, Lucio, había decidido treparse a las nubes que como una gata en celo, restregaban sus algodones y contornos contra los barrotes de la ventana del dormitorio, donde la tarde, aburrida de rumiar recuerdos y esperanzas, se había olvidado las ultimas luces.

La noche, hambrienta de sombras y esquinazos, no dudó en alentar un suspiro que dibujó los horizontes en dudas y siluetas.

Aquella noche, sigilosamente, a golpes de escondite, se había colado en oblicuo por las finas grietas que su alma mostraba desdibujadas entre el pudor y el miedo y que le impedían el compás, el ritmo, trece veces por minuto, arrojando sobre la almohada que descasaba en la cama deshecha, una fatiga blanca de babas y tormentos.

Hizo el esfuerzo de vomitar todo el olvido, pero un nudo de hielo, se instaló en el fondo de su garganta, dando a su gesto el filo absurdo de la lágrima.

Lejos, allá donde habita el recuerdo mas olvidado, la voz de Chet Baker, con su trompeta, una batería y un viejo contrabajo, le prestaban a la oscuridad aquella cadencia melancólica que lograba situar a Lucio al borde mismo de la desidia y el abandono.

Aquella noche, un desnudo de mujer se instaló del otro lado de los cristales de la ventana de aquella habitación en la que el suicidio solo era un dibujo en acuarela.