Llegas hasta mí en dúo de luces y sombras,

te acercas abierta en sangre y hospedaje

con la mirada perforada de luna,

con las manos en estambre y una duda.

Encamino mi deseo doliente de acequia,

a buscar el abalorio oscuro de tu pelo

pisando la tortura de ausencia,

que sembraste en el cristal de mis adentros.

Vistes de recuerdo una siembra enardecida,

de pieles, huesos, alamares y barrancos

que abordan y destajan mi pecho,

mientras una sombra me acicala el centro.

Deshilo de escondites y agujas las redes tejidas,

soñando un horizonte de barcas y cauces

en el que esponjar tus besos,

para comulgar a tu lado con sexo y silencios.