Llegas hasta mí en dúo de luces y sombras,
te acercas abierta en sangre y hospedaje
con la mirada perforada de luna,
con las manos en estambre y una duda.
Encamino mi deseo doliente de acequia,
a buscar el abalorio oscuro de tu pelo
pisando la tortura de ausencia,
que sembraste en el cristal de mis adentros.
Vistes de recuerdo una siembra enardecida,
de pieles, huesos, alamares y barrancos
que abordan y destajan mi pecho,
mientras una sombra me acicala el centro.
Deshilo de escondites y agujas las redes tejidas,
soñando un horizonte de barcas y cauces
en el que esponjar tus besos,
para comulgar a tu lado con sexo y silencios.
... y se detuvo bajo la sombra para calmar su sed 
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